Hola chikos como va ? Espero que bien. Bueno yo toda via no he logrado sacarme de encima el criminal frio. ¡No saben!, está durísimo, pero a diferencia del que se sufre en Barcelona, éste es montañoso, seco y letal. La noche avanza y los humanos aca nos dedicamos a pillar cobijas, abrigos, tapetes, perros y lo que se encuentre a la mano para guarecernos y así enfrentar dos destinos: morir asfixiados debajo del traperío, o bien morir congelados. Creo que por eso soñé con una pareja de hombres jóvenes vestidos de anaranjado y verde como barrenderos de Plaza Cataluña. Los dos estaban condenados a muerte, pero los dos eran yo mismo. En algún momento, uno de ellos es ejecutado y así muere una mitad de mí. La otra enfrenta dos condenas: la muerte inminente, o una vida dedicada a cursar la pesadilla de averiguar cuál fue la mitad de él que ya murió. Esto lo soñé yo solito y sin la alucinógena ayuda del te de tila.
Y eso me ha hecho recordar cómo una vez en una finca veracruzana llamada “Los Deseos”, la gente vive convencida de las capacidades hipnógenas del te de tila. Hace un par de años durante una grata aunque extraña comida preparada en honor del que aqui escribe todo esto sucedió. Primero me di cuenta que en esa hospitalaria casa son vegetarianos rabiosos. Toda especie perteneciente al reino animal en lugar de ser guisada, es recibida y guarecida con honores. Nada más durante la comida, llegaron dos conejos y fue anunciada la inminente presencia de tres changos del congo o algo asi. Pasmado, yo oía todo esto mientras comía unos extraños vegetales llamados “gasparitos” que según nuestra anfitriona sabían igualito que la carne de venado. No lo creo. Si así fuera, nadie comería venado. El caso es que comíamos incesantemente y dijo la anfitriona: ahora tengo cinco coyotes y es precioso oírlos aullar por la noche (¡pa’su madre!, pensé yo, pero no dije nada porque soy muy decente); por cierto, Pepe, prosiguió la Emperatriz de Los Deseos, tú tienes problemas para dormir, pero no te preocupes, porque te voy a llenar la recámara de una infusión hecha a base de te de tila y vas a dormir como bebé, tú vas a ver. ¿Y si muero de una sobredosis?, pregunté yo y añadí: imagínate el encabezado: SE PASÓ DE TILA… mi imagen póstuma quedaría a la altura de un zapato.
Hablando de tila, comentó una grata invitada conocida como la Señora de los Mercedes-benz, mi papá era una persona de lo más normal y de lo más serio, a veces confundía la tila con la crema Nivea y se la tomaba a cucharadas y le caía de lo más bien al estómago, pero esas eran distracciones; Mientras esa chárla de sobremesa se cumplía, el frío avanzaba como una implacable puñalada de hielo. Llegó la noche y nuestra anfitriona anunció: en toda la finca no hay un sola flor de tila. Ella lo dijo con tristeza, pero yo recibí la noticia con helada alegría. Siguió la noche, me interné en mi iglú de trapos. Nunca aullaron los coyotes (yo creo que se congelaron), y yo sueño lo que sueño.
Abonnieren
Kommentare zum Post (Atom)
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen